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Películas de Fantasía, Ciencia Ficción y Horror

Double Negative

Genios de los efectos visuales

Hereditary

El horror está en casa

Santo contra la invasión de los marcianos

Insólita aventura interplanetaria

Mike Elizalde

Talento orgullosamente mexicano

domingo, 24 de agosto de 2014

ESKALOFRÍO (2008)


Santi padece una extraña enfermedad, la cual provoca que su piel sea literalmente calcinada por la luz del sol y sus colmillos crezcan más de lo normal. La madre preocupada sabiendo que la deficiencia puede llevarlo a la muerte, decide que lo mejor es abandonar la ciudad. Es así como ambos se trasladan a un bosque en donde los rayos solares quedan ocultos tras los arboles, predominando la mayor parte del tiempo la oscuridad.

Su llegada coincide con el inicio de una serie de brutales asesinatos. Estar en el lugar y la hora equivocados, unido a su desconcertante aspecto y a una coartada poco convincente, convierte a Santi en el principal sospechoso, pero el joven está dispuesto a comprobar su inocencia y de paso resolver el enigma.

“De los productores de El Orfanato”, esa es la carta de presentación – o gancho comercial- de la película española dirigida por Isidro Ortiz. Mientras que El Orfanato (2007) sigue la línea impuesta por Alejandro Amenabar y Guillermo del Toro, cineastas que no apelan al recurso del susto por la vía fácil, Eskalofrío apuesta por un cine de horror que mezcla todos los sitios comunes y estereotipos de las cintas estadounidenses de los años 80, los experimentos del tipo El proyecto de la bruja de Blair (1999) y sobre todo de las recientes producciones orientales. Más de un fanático del llamado giallo italiano notará el parecido existente entre Eskalofrío y Phenomena (1985), película de terror sobrenatural dirigida por el Darío Argento, en donde una chica – una jovencísima Jennifer Connelly- con poderes telepáticos sigue la huella de un engendro homicida que ataca en un siniestro bosque.


El interés que en un principio genera un personaje con características vampíricas que lo condenan a vivir en la oscuridad, jugando del lado del bien y enfrentándose a una amenaza desconocida  -y no, no me refiero a Blade el cazador de vampiros- pronto disminuye, ya que el defecto físico que daba pie a exponer situaciones en donde el protagonista se viera en mayor riesgo, es desaprovechada casi por completo, convirtiéndose en un detalle de poca trascendencia.

Ante los hechos iniciales, la fuerza de la costumbre nos lleva a pensar que estamos ante una historia más de fantasmas buscando venganza, con niña azul de cabellos maltratados incluida (sí, la misma que hemos visto en La maldición, El aro y un largo etcétera).


A la mitad, una vuelta de tuerca deja a un lado el aspecto fantasioso, para explicar un caso de nota roja en donde, como sucede en El laberinto del Fauno (2006), los seres humanos pasan a ser los verdaderos monstruos, sin embargo el resultado es un tanto fallido, sobre todo por unos diálogos caricaturescos como “Nunca debieron haber venido, váyanse antes de que sea demasiado tarde”. Para el tramo final, la película se torna chacotera, la clásica historia de horror adolescente, con novia que se pone romántica en el momento menos indicado y amigo gracioso experto en el tema que ofrece su ayuda incondicional ¿Sería acaso un homenaje a Corey Feldman quien hace un papel similar en Los Muchachos Perdidos (1987)?

Una cinta donde las referencias al cine de horror ochentero y los guiños de ojo están a la orden del día o mejor dicho -en este caso- de la noche. Poco original pero entretenida.

miércoles, 20 de agosto de 2014

PEEPING TOM (1960)

Sin duda, existimos cinéfilos de distintas clases. Los que gustan de ver una cinta en la comodidad de su hogar, los que prefieren asistir a las salas cinematográficas y los que disfrutamos ambas actividades.

Sin embargo, hay una característica, que innegablemente compartimos y es el hecho de que a todos nos gusta mirar. Sí, los cinéfilos somos voyeuristas por naturaleza, dicho no necesariamente en el sentido sexual de la palabra.

Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock, aborda el tema de una forma quizá no explícita pero si contundente. El maestro del suspenso nos introduce en la historia a través de la ventana de un hotel, invadiendo la intimidad entre Janet Leigh y Jean Gavin. Nos convierte en testigos secretos de una pasión que debe permanecer oculta entre dos personas. Posteriormente, hace su aparición Norman Bates, el psicópata que gusta de espiar a sus inquilinas a través de un orificio.

En la célebre escena de la regadera, es escalofriante observar a través de los ojos del asesino el violento ataque a la indefensa mujer. Sin embargo, también representa un placer culposo para el público, saber cómo culmina el homicidio. En esta parte Hitchcock nos envía un claro mensaje: Norman Bates no es el único al que le gusta mirar.

Con la maestría que lo caracterizaba, Hitchcock a través de la mirada de sus personajes consiguió que cada espectador materializara en la imaginación sus propios horrores. Como en la escena en que Vera Miles encuentra un álbum en el sótano de la casa y al abrirlo lanza un grito de pavor sin que nos sea revelado su contenido.

Durante mucho tiempo, Psicosis fue para mí, la cinta voyeurista por excelencia, hasta que tuve la oportunidad de ver Pepping Tom. La cinta dirigida por Michael Powell en 1960 fue víctima de los críticos, quienes la consideraron un sub-producto Clase B enfermo y bestial. Con el tiempo ha sido revalorizada por directores como Martin Scorsese y elevada a la categoría de película de culto.

Peeping Tom inicia con una toma subjetiva. Desde el principio el espectador y el protagonista se convierten en uno mismo. El lente de una cámara nos hace testigos y, al mismo tiempo cómplices de los crueles homicidios cometidos por un asesino obsesionado por filmar las expresiones de horror de sus víctimas.


Mark Lewis (Carl Boehm) es un joven camarógrafo que combina su trabajo en el cine, con el oficio de fotografiar chicas semidesnudas. Tras su imagen conservadora e introvertida, se esconde un ser atormentado por un secreto del que más tarde, solo su vecina Helen tendrá conocimiento. Mark, fue víctima de los experimentos de su padre, quien deseoso de registrar con la cámara las reacciones del sistema nervioso al miedo, cometió las peores aberraciones en su contra. Mark parece encontrar en Helen el objeto de su afecto, sin embargo es incapaz de frenar sus impulsos de matar a las mujeres que aparecen tras su lente utilizando su propia cámara como arma homicida.
Peeping Tom, no es solo una película de suspenso sino un tratado del cine dentro del cine, un análisis acerca de la pasión que produce el estar delante o detrás de una cámara. La cinta refleja también ese interés o preocupación que, en menor o mayor medida, provoca en cada uno de nosotros el mirar o sabernos observados. Es así que en la cinta desfilan: un protagonista traumatizado por haber crecido bajo la vigilancia enfermiza de su padre, una chica interesada en sus filmaciones, un comprador de fotografías eróticas, una modelo desfigurada contratada para solo mostrar su cuerpo, una mujer deseosa de ser filmada por Mark, un director de cine, e incluso una mujer ciega, quien irónicamente ha descubierto lo que los demás no han visto. 

Peeping Tom, es una obra retorcida y macabra que cuenta con una buena dosis de humor negro y una carga dramática aceptable. Para algunos espectadores – confieso que fue mi caso- pueden resultar desesperantes algunas escenas previas a los asesinatos, las cuales supongo que con el fin de provocar un miedo intenso se decidió alargarlas lo más posible. En mi opinión lo único reprochable.
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Cinefantástico agradece el patrocinio de PELÍCULAS DE TERROR y los invita a leer éste interesante blog escrito por  Rubén Lara Conde.

martes, 12 de agosto de 2014

LOS CUATRO FANTÁSTICOS (1994)

Si acostumbrara poner subtítulos a mis publicaciones, esta debería llevar el de “Los riesgos de comprar piratería”.

Un día alguien que no puede preciarse de ser un gran cinéfilo me dijo “Compré en pirata la película nueva de Los cuatro fantásticos y no está buena”. Por curiosidad se la pedí prestada porque aún no era estrenada en las salas de cine y vaya chasco que me llevé.

Me bastó con ver el primer crédito para darme cuenta de que no se trataba de la cinta protagonizada por Jessica Alba y Chris Evans. Los nombres de unos ilustres desconocidos iban apareciendo sobre un espacio sideral con factura de programa televisivo setentero. Al ver quien era el productor lo entendí todo. Nada más y nada menos que Roger Corman, el rey del cine de bajo presupuesto. Sobre este señor se pueden decir mil cosas, ya que ha estado ligado al celuloide desde hace más de medio siglo. Como director tuvo algunos títulos interesantes como La tiendita de los horrores (1960) cuyo mayor aporte fue el debut de un joven Jack Nicholson; también realizó varias adaptaciones de las obras de Edgar Allan Poe en las que se permitió una infinidad de libertades; pero fue su etapa como productor, la que lo convirtió en una máquina de hacer películas a destajo, teniendo hasta la fecha un record que luce insuperable. Y no es de extrañarse cuando se trata de filmes cuyo rodaje dura de dos a tres semanas.

Pues bien, Corman fiel a su costumbre temeraria de decirle que sí a cualquier proyecto por complicado que parezca, se involucró en esta adaptación paupérrima de los personajes marvelianos. Si la película dirigida por Tim Story en 2005 con presupuesto de 100 millones de dólares resultó un fiasco digno de olvidarse, ya podrán imaginarse lo chafa (cutre, dirían mis amigos españoles) de este bodrio que contó con menos de un millón. 

La trama intenta ser fiel al original, pero las pésimas actuaciones de un elenco en donde solo reconocí a un tal Jay Underwood -un actor frecuente en los video home de Disney, que aquí interpreta a Johnny Storm – no generan interés alguno. Lo que resulta más risible o molesto, según el humor del espectador, son los efectos visuales. La mole o masa, en vez de ser un coloso de roca se asemeja a un muñeco de plástico a gran escala, Johnny Storm con falso cabello rubio parece estilista, pero eso no es lo peor, se reemplazan los efectos digitales por dibujos animados para reducir costos, dando como resultado una patética caricatura voladora. La invisibilidad de Susan Storm como era de esperarse, en un alarde de “originalidad” (eso fue un sarcasmo) se resuelve simplemente poniendo su voz en off. En la competencia por ver que personaje es el más ridículo, la medalla de oro se la lleva Reed Richards. Los brazos que se presumen elásticos, son unas extensiones de alambre tembloroso. Con semejantes super poderes, las escenas de acción se resumen a una serie de torpezas de pena ajena. Absurda la parte en que Richards alarga la pierna para hacer caer a los esbirros del Dr. Doom.

Hay películas que de tan malas resultan buenas. Éste no es el caso.
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Cinefántastico agradece el patrocinio y apoyo de
blog realizado por mi colega Rubén Lara Conde.

domingo, 10 de agosto de 2014

GUARDIANES DE LA GALAXIA (2014)

Por fin pude ver Guardianes de la galaxia, una de las películas que hace un tiempo mencioné podía ser uno de los blockbusters del verano con mejor recibimiento. La cinta en sí, no constituye ningún aporte al cine de superhéroes y mucho menos al de ciencia ficción, de hecho recurre a una fórmula ya comprobada. Cinco personajes que en apariencia son diferentes entre sí, compartiendo solamente el ser considerados unos perdedores, tienen que unirse casi a la fuerza para encontrar un artefacto que, de caer en manos de los malos, pondrá en riesgo a la galaxia. Lo demás ya es predecible. 

Estamos ante una película que, sin ser brillante funciona muy bien como entretenimiento palomero. El director James Gunn recurre a un aluvión de ideas que parecieran retomadas de Star Wars y Star Trek, por lo que en más de un sitio encontrarán inevitables comparaciones entre el personaje principal Lord Star y Han Solo, por citar solo un ejemplo. Sin embargo, hay que recordar que, si de originalidad se trata, tampoco se puede afirmar que las sagas antes mencionadas, sean totalmente innovadoras en lo que a argumento se refiere, ya que en buena medida se basan libremente en seriales de los años 30 como Buck Rogers y Flash Gordon.


Lo que diferencia a Guardianes de la galaxia de otros productos de la factoría Marvel, es el humor con el que se aborda la historia. Mientras que en Los vengadores, Spiderman, Thor, etc, se busca el momento propicio para decir o hacer algo gracioso, en Guardianes no hay espacio para la solemnidad. Cualquier asomo de dramatismo queda eclipsado por un comentario o gesto chusco. En ese sentido, todo el elenco está en la misma sinfonía y nadie se toma el asunto serio, lo que le viene muy bien a la cinta. Esa ligereza es la que conecta con el espectador.

Otra película a la que se asemeja por su carácter desenfadado y casi paródico es El quinto elemento (1997) de Luc Besson. Menos mal que aquí en vez de soportar al odioso Chris Tucker, tenemos al mapache Rocket, personaje que se cuece aparte gracias al doblaje de Bradley Cooper quien se lleva un 10. El que de plano aparece en los créditos como un mero capricho publicitario es Vin Diesel haciendo la voz de Groot, un árbol humanoide que no dice ni diez palabras, literal.

Un plus es la música, olvídense por un momento de Hans Zimmer y Danny Elfman, y déjense llevar por pegajosos éxitos setenteros como Hooked on a feeling.

Concluyo comentando que la película cuenta con la acostumbrada escena que aparece al terminar los créditos, pero ésta vez no es graciosa, ni revela nada trascendente. De hecho aparece un personaje de otra historieta que tuvo su propio filme en los años ochenta pero que pocos recuerdan.
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jueves, 7 de agosto de 2014

SUPERMAN (1978)

Es un pájaro, es un avión, no … ¡Es Superman!

En 1978 se estrenó la película que representó un parte aguas dentro del sub-genero de superhéroes. La epopeya fílmica que emocionó a millones de espectadores en todo el mundo, dando su justo lugar a uno de los iconos más reconocidos de la cultura pop.



Creado a finales de los años 30 por Jerry Siegel y Joe Shuster como una figura cuasi-religiosa, mitológica y patriotera, el hijo de Kriptón, se convirtió en manos de Richard Donner en la representación más fiel de la historieta publicada por DC Comics.

¿Para qué meterse en vericuetos y buscarle tres pies al gato a una anécdota ya por todos conocida? Lo importante, ya una vez acomodados en la butaca, no era ver el qué sino el cómo. Sabíamos que Kal-El, ante la inminente destrucción de su planeta sería enviado por sus padres biológicos a la tierra, pero queríamos saber cómo sería mostrado ese Kriptón y a nadie decepcionó. Las escenografías de John Barry (homónimo del compositor) nos transportan hasta a un mundo de cristal-hielo, que por razones obvias, nos permite entender por qué la fortaleza de Superman se encuentra en el Polo norte.

Al igual que en los comics, el color jugó un papel fundamental en la narrativa visual de la cinta. Desde la primera escena aparece Jor-El (Un Marlon Brando soberbio, para no variar), como símbolo de justicia, vistiendo un blanco casi celestial, mientras que los atuendos oscuros son propios del mal encarnado por el General Zod (Terence Stamp) y sus secuaces. Y entre esos colores neutrales, resalta el intenso azul y rojo de la tela, con la que Lara (Susannah York) envuelve a su hijo, figura alrededor de la cual, giran las acciones de una historia que, desde la secuencia de créditos con la música de fondo compuesta por John Williams,  promete ser épica.


El prólogo es sin duda excepcional, ya que conecta durante los tres minutos iniciales ésta primera parte, con lo que vendría a ser la secuela, cuando la mayoría de las películas optan por unir el final de una cinta con en el principio de la siguiente. Aciertos como éste o aquella explicación sobre cómo obtuvo Kal-el sus poderes mientras viaja a través de las galaxias, son obra de Mario Puzo. El también guionista de El padrino (1972), consigue lo que pocos guionistas del cine de superhéroes han logrado, trasladar la esencia fantástica de las historietas a la pantalla grande, sin aburrir a los espectadores con rebuscados y pretenciosos conceptos científicos.

Después vendrá la génesis del héroe, ese viaje iniciático de autoconocimiento, en el que Clark Kent descubre sus súper poderes poniéndolos en práctica en una serie de divertidas situaciones que echan a volar la imaginación del espectador ¿Quién no quisiera  ser capaz de surcar el cielo de su ciudad o tener una vista de rayos X?  Claro que, también está la parte sentimental, no utilizada como recurso lacrimógeno como en Man of Steel (2013), sino como medio para evidenciar que Clark Kent es tan humano como cualquier terrestre.



Con ese sentido del bien, la justicia y la moral, heredado por sus padres biológicos e inculcado por Jonathan y Martha Kent, Clark está listo para abandonar Smalville e iniciar la etapa adulta en Metrópolis, urbe cosmopolita en donde curiosamente se encuentran el Empire State y la Estatua de la Libertad, juego en el que colabora el espectador fingiendo no saber que realmente están en Nueva York.

A la luz de los años pareciera que, algunas de las hazañas de este hombre de acero se quedan cortas, ante la grandilocuencia de lo hecho por otros superhéroes del cine actual, sin embargo, en su defensa existe el argumento de que pese a haber sido filmada en 1978, la idea principal era mostrar al personaje y recrear las situaciones tal y como fueron pensadas cuatro décadas atrás en las páginas de Action Comics. Es así que,  Clark finge torpeza para pasar desapercibido, usa sombrero pasado de moda,  se cambia de ropa en cabinas telefónicas, emplea un lenguaje amistoso con los criminales, y recurre al romanticismo azucarado para conquistar a Luisa Lane. Christopher Reeve borda a la perfección el personaje; su porte transmite seguridad, su expresión facial nos llena de confianza y cada uno de sus movimientos corporales remite al comic; dejando en claro que, hace falta algo más que un traje con músculos marcados para ser Superman. 



Hay escenas sorprendentes como aquella que marca el encuentro entre Luisa y Clark ya en el rol de Superman. La reportera cae de un helicóptero siendo rescatada por el héroe en pleno vuelo, efecto visual que supera incluso las gráficas en computadora de muchas producciones actuales. No omito mencionar que la relación caballero andante-dama en peligro nos remite a aquellas películas clásicas, en las que por muy audaz que sea la fémina, siempre dependerá del personaje masculino para no caer en desgracia. En lo personal, la elección de Margot Kidder como Luisa Lane nunca me ha gustado, porque es evidente la diferencia de edad con respecto a Reeve, incluso me atrevería a decir que la actriz luce más grande de lo que era en realidad. Creo que es uno de los puntos en donde la cinta flaquea, más si recordamos esa escena en la que Luisa siendo una niña, observa desde la ventana de un tren a un Clark adolescente que corre a toda velocidad. 



El otro aspecto que no termina de convencerme es la elección de Lex Luthor. Gene Hackman pasaba por el mejor momento de su carrera y, de no ser por la presencia de Marlon Brando, seguramente, hubiera tenido el primer crédito. Sin embargo, Hackman luce más como un malo socarrón que como un enemigo de cuidado. Por su forma de vestir tiende a parecer más un vulgar ladrón que amasó una fortuna, que un magnate megalómano. El hubiera no existe, pero siempre he pensado que el candidato ideal para ser la némesis de Superman, era el actor Telly Savalas, quien unos años antes había interpretado a un villano memorable en Al servicio secreto de su majestad (1969), y cuyo físico coincidía a la perfección con el de ese personaje. En fin, al igual que en el caso de Luisa Lane, es cuestión de gustos.



Lo que es un hecho, es que Superman es una joya cinematográfica de la ciencia ficción, aventura y fantasía, cuyos logros técnicos y artísticos siguen provocando la admiración de las nuevas generaciones. Ni Henry Cavill con su atuendo renovado y mucho menos Brandon Routh (aun compartiendo un gran parecido con Christopher Reeve) pudieron sacudirse la sombra del fallecido actor ¿Habrá quién consiga hacerlo? 
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