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Películas de Fantasía, Ciencia Ficción y Horror

Solo los amantes sobreviven

La depresión del vampiro

Mike Elizalde

Talento orgullosamente mexicano

sábado, 9 de diciembre de 2017

RELATOS SALVAJES (2014) Trailer


Relatos Salvajes dirigida por Damián Szifrón en 2014, fue la multiganadora película que arrasó con los premios de la Academia Argentina de Artes y Ciencias Cinematográficas, también fue galardonada en varios festivales como el de San Sebastián e incluso estuvo nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes. 

Relatos Salvajes, está integrada por seis cortometrajes con anécdotas independientes los cuales, como pocas veces sucede, ­conservan la misma calidad y nivel de interés entre sí, dando como resultado una película redonda en todos los aspectos.

“Pasternak”, “Las ratas”, “El más fuerte”, “Bombita” (no, no se trata de nada sexual), “La propuesta” y “Hasta que la muerte nos separe”, son los episodios que integran una antología sobre la que, entre menos se sepa a detalle mejor, esto con el propósito de no arruinar la diversión de los espectadores.

Sin embargo, lo que si puedo comentarles es que se trata de una obra que desde su secuencia de créditos, deja muy en claro que el instinto salvaje es inherente al ser humano, pese a la insistencia de asegurar que somos entes racionales. Y es que, ¿Quién no se ha dejado llevar por los más feroces impulsos al vivir una situación que ha llegado a su límite?

Estamos ante un conjunto de historias que se desarrollan en Argentina, donde la geografía, el idioma y la forma de hablar, no son obstáculo para identificarse plenamente con la problemática que viven todos y cada uno de los personajes; por el contrario, es ahí donde radica su valor, ya que retrata (eso sí, con una alta dosis de humor negro) una realidad compartida, sobre todo, por los países latinoamericanos sumidos en el hartazgo, el deseo incumplido de venganza, la frustración y la corrupción y/o ineptitud de gobiernos aferrados a no reconocer sus errores, así como otros factores que llegan a alterar en muchas ocasiones de forma irreparable aspectos de la vida cotidiana. 

Pero no se preocupen, porque no se trata de martirizar al espectador acerca de los problemas que nos aquejan a diario, sino de encontrar una catarsis al observar cómo la presa se convierte en depredador y viceversa.

Ricardo Darín, cuyo talento histriónico lo ha colocado como uno de los actores argentinos de mayor renombre a nivel internacional, ­basta recordarlo en películas como Nueve Reinas (2000) y El aura (2005),­ encabeza un elenco de nombres quizá no tan conocidos para un público familiarizado en su mayoría con el cine estadounidense, pero que cumplen de modo extraordinario con los requerimientos de un guión que exige una gran fuerza interpretativa.

Comparto el trailer de Relatos Salvajes de Damián Szifrón, , cine franco y sin complacencias, en donde la cruda realidad supera cualquier relato fantástico.
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martes, 5 de diciembre de 2017

LA DANZA DE LOS VAMPIROS (1968) Trailer


A una villa ubicada en algún de los Cárpatos llega el excéntrico profesor Abronsius (Jack MacGowran) acompañado de su discípulo Alfred (Roman Polanski) en busca de indicios que demuestren la existencia de chupa-sangres.

Un 5 de diciembre de 1968 se estrenó La danza de los vampiros, uno de los máximos referentes del género; obra de un joven Roman Polanski en estado de gracia, capaz de ponerse delante y detrás de la cámara para ofrecernos una afortunada parodia de las ahora legendarias y, tan en boga en su tiempo, películas de horror gótico producidas por la Casa Hammer protagonizadas por Peter Cushing y Christopher Lee.


El quinto largometraje del realizador polaco Roman Polanski es un relato de fino humor negro con todos los ingredientes que debe tener una buena cinta de vampiros: pueblerinos sospechosos, casas protegidas por ajos, un lúgubre castillo, una damisela en peligro con generoso escote digno de hincar el diente o el colmillo según sea el caso (hermosa Sharon Tate), un vampiro a imagen y semejanza del ya citado Lee (Ferdy Mayne) y su hijo gay (Iain Quarrier), quien confieso era el que más me desconcertaba cuando la vi de niño, quizá al no comprender del todo las verdaderas intenciones que tenía para con Alfred. Bendita inocencia.

Curiosamente el tono satírico se mantiene la mayor parte del tiempo, no obstante, cuenta con algunas escenas que sin ser aterradoras ofrecen ciertos momentos de divertido nerviosismo.

Sin más preámbulo, comparto el trailer de la película también conocida como Disculpe, sus colmillos están en mi cuello próxima a cumplir medio siglo.


domingo, 1 de octubre de 2017

SKYFALL (2012)


Antes de compartir mi extenso comentario sobre Skyfall, debo confesar que desde la creación de éste blog, más de una vez me he detenido a reflexionar acerca de qué tanta cabida tienen las aventuras de James Bond dentro del género fantástico, llegando a la conclusión de que cuenta con los elementos suficientes para inclinar la balanza hacia el lado de lo inverosímil y no de lo realista. Además, siendo desde siempre uno de mis héroes favoritos, es difícil mantenerme renuente a comentar sus películas e ignorarlo.

Desde el reinicio en 2006 de la franquicia más redituable y larga en la historia del cine, es decir, la del agente 007, quedó en claro que los realizadores deseaban borrar todo rastro de triunfalismos ligados a las películas de cuatro décadas anteriores, aunque ello significara reelaborar el mito que para muchos era más que intocable.

En Casino Royal, los productores apostaron por un James Bond de mirada fría y rasgos duros, carente del encanto, galanura y sofisticación de sus antecesores, bajo el argumento de que la intención era evocar al personaje literario creado por Ian Fleming.


Daniel Craig, quien a partir de su elección llegó a convertirse en el protagonista más controversial pese a su indudable histrionismo, dividió opiniones. Las nuevas generaciones lo aceptaron situándolo a la par de personajes como Jason Bourne, fenómeno que llama la atención, siendo que el James Bond original mantuvo el privilegio de ser incomparable casi hasta sus últimos días.

Algunos fanáticos se retractaron e incluso consideraron a Daniel Craig, el mejor James Bond por encima de Sean Connery y Roger Moore (no es mi caso). Muchos otros, más de lo que Sony Pictures se empeña en reconocer, reafirmaron sus sospechas: James Bond había muerto.

Casino Royal abandonó la fórmula que por años contribuyó a hacer del héroe, todo un icono cinematográfico. El universo de insólitas aventuras fue sustituido por un entramado realista, oscuro y con una perspectiva más adulta.


En Casino Royal (2006) se aborda la primera misión de James Bond al recibir la categoría doble O. La película adapta la novela homónima modernizando algunos aspectos que parecieran anacrónicos. No me atrevería a decir que Casino Royale es una mala película, de hecho creo que el director Martin Campbell hace un estupendo trabajo. Daniel Craig y Mads Mikkelsen funcionan como antagonistas, las escenas de acción son trepidantes, los escenarios majestuosos ¿Entonces?

Cuando uno paga por comer una hamburguesa servida con papas fritas y un vaso de refresco, no espera que le lleven un plato de comida china, un spaghetti a la boloñesa o un manjar más delicioso que lo que uno ha pedido. Ya sé, deben preguntarse ¿Y eso qué tiene que ver?

Pues, esa es la sensación que provoca al final Casino Royale. Hemos visto una buena película, estuvo divertida pero… ¡No es una película de James Bond! Ninguna secuencia lleva el sello inconfundible del tema compuesto por Monty Norman e interpretado por John Barry, no hay gadgets (todos los aparatos modernos necesarios para la misión), no narran una mini aventura antes de los créditos iniciales. 007 luce musculoso pero desaliñado. Por si fuera poco, el desenlace  más allá de ser revelador luce artificioso.


Quantum of Solace (2008) se estrenó como secuela de Casino Royale. Se suponía que los cabos sueltos y las incógnitas de la entrega anterior, serían resueltas para poner punto final a la etapa introductoria del nuevo 007 y así, en las cintas siguientes dar inicio a otras misiones con un espectador más familiarizado con la psicología del personaje.

Una persecución automovilística espectacularmente filmada da inicio a una película que prometía más de lo que otorga. Poco se relacionan los hechos de Casino con los de Quantum. A la mitad del filme, no se develan los misterios principales y solo sabemos lo que es obvio, hay una organización criminal que quiere dominar al mundo ¿No es lo mismo qué ya sabíamos antes de verla?


Considerando que las películas de Bond desde su nacimiento en 1962 no son precisamente joyas argumentales, sería injusto calificar con una mala nota al realizador Marc Forster por los baches y traspiés del guión escrito por Neal Purvis y Robert Wade. Se deja ver aunque en lo personal no lo haría más de dos veces.

Daniel Craig, más cómodo en los zapatos de James Bond y con menos presión por ser aceptado en el papel -en el peor de los casos el odio se volvió indiferencia- muestra una rudeza aun mayor que la expresada en su debut. Craig ganó elogios por un sector de la crítica que alabó su interpretación de frío asesino en Casino Royale. Por desgracia, su actuación se tornó exagerada en Quantum of Solance. Ni tanto que queme al santo...



 En Skyfall, Sam Mendes, director de la ganadora del Oscar Belleza Americana (1999) fue el encargado de revivir a un vilipendiado 007, quien por fortuna, retomó elementos y tópicos de las películas de antaño para beneplácito de sus más fieles admiradores. Es así que, regresaron las armas secretas, los trajes elegantes, el tema musical y algunas frases cómicas que antes evitaba mencionar Craig, de quien también debo decir se nota menos acartonado y más cómodo que en Quantum. También se incluye un guiño nostálgico a una de las más entrañables películas de la etapa Connery.

Cuando la identidad de los agentes secretos de MI6 es puesta al descubierto, James Bond debe capturar al culpable y de paso proteger a su superior M, quien no solo corre el riesgo de ser relevada en su puesto, sino de sufrir un atentado a manos de un enemigo a quien debe un ajuste de cuentas.

En ello se resume la premisa de Skyfall, una historia así de simple que por más que se extienda en explicaciones y diálogos elaborados, no tiene mayores alcances que los ya vistos en otras películas de la franquicia. No por ello, deja de tener momentos de suspenso bien logrado y escenas que no pasarán a ser memorables pero que en el instante divierten y justifican el pago del boleto. Mi momento favorito la persecución en motocicleta.


Javier Bardem como Silva, aparece menos de lo que uno supondría. Decir que es la apoteosis del mal, me resulta exagerado. Pero en gustos se rompen géneros. No es mi villano favorito pero tampoco lo pondría entre los peores. De malosos en plan guiñolesco y hasta sangrón está repleta la franquicia. Por ejemplo, está el recordado y me atrevería a decir que hasta querido "mandibulas" (Jaws).


Mención aparte merece la excelente actriz Judy Dench repitiendo como M, la mujer de hierro que se erige como líder del Servicio Secreto de su Majestad y cuya capacidad vuelve a ser puesta en tela de juicio como en casi todas las entregas en que aparece desde la era Pierce Brosnan.



Se da un giro a algunos personajes secundarios como Moneypenny (Naomi Harris), ahora en versión afroamericana -como dicta lo politicamente correcto- empoderandola, modificando el rol de chica Bond para hacer del personaje algo más que un mero atractivo visual; situación parecida a la de Halle Berry y Michelle Yeoh en Otro día para morir y El mañana nunca muere, respectivamente.


También tenemos al nuevo Q (Ben Whishaw), lo que es un gran acierto y tiene mucha lógica ¿Quién mejor que un joven nerd tipo Big Bang Theory para conocer y explicar las aplicaciones tecnologicas del siglo XXI? El mismo Desmond Llewelyn, actor que desempeñó el papel por más de veinte años, reconoció que ya ni él sabía de lo que estaba hablando en sus últimas apariciones. Y John Cleese, bueno, de ese "R" ascendido a "Q" mejor ni hablamos.

En resumen, Skyfall capturó lo mejor de Casino Royal y lo rescatable de Quantum, aderezando la trama con los ingredientes de la añeja pero exitosa fórmula, provocando la nostalgia de los verdaderos fanáticos y convirtiéndose en un aliciente para esperar con ansias las entregas venideras. Por desgracia, la siguiente misión del 007 dejaría mucho que desear. Pero esa, es otra historia.
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DJANGO SIN CADENAS (2012)


Al definir a Django sin cadenas de Quentin Tarantino como un western fantástico no pretendo dar por entendido que se trata de una maravilla fílmica. El termino lo utilizo en el sentido literal de la palabra; motivo por el cual incluyo mi comentario sobre la película en éste blog.

Cierto es que, una gran cantidad de críticos se ha empeñado en situarla en una lista de las mejores cintas de vaqueros de todos los tiempos, y qué decir de los miembros de la Academia de Artes Cinematográficas que con un criterio que cada año es más cuestionable le otorgó cinco nominaciones incluyendo las categorías de Mejor película y Mejor director.

Por otro lado, sería injusto pensar que el hecho de ser nominada al Oscar la convierte en automático en una película sin más mérito que el obtenido por cualquier otra producción realizada con pretensiones meramente  comerciales.


Django sin cadenas, al igual que todas las cintas que integran la filmografía de Tarantino, no deja indiferente a ningún espectador. El otrora director de Perros de Reserva (1992) y Tiempos violentos (1994), vuelve a demostrar que es un cinéfilo de sepa. Aquí en particular deja al descubierto su admiración por Sam Peckinpah y Sergio Leone. Django sin cadenas es un homenaje al spaguetti western, el género nacido en Italia en los años sesenta que diera fama internacional a Clint Eastwood y al ya citado Leone con títulos como Por un puñado de dólares (1964), Por unos dólares más(1965) y la obra cumbre El bueno, el malo y el feo(1966).

El spaguetti western a diferencia del western americano, tiene una perspectiva más violenta y realista de las situaciones y la línea divisoria entre héroes y villanos es casi imperceptible.


Tarantino no descubre el hilo negro, tampoco creo  que sea el cineasta de ideas super originales que sus seguidores incondicionales atribuyen a una condición de genio. Lo que es innegable es su habilidad para recrear el cine de tiempos pasados utilizando las técnicas de filmación actuales.
 
Django sin cadenas no puede ser considerado un plagio, sino un homenaje,  que aclaro debe tomarse con ligereza porque cierto es que, fiel a su estilo muestra una violencia desbordada pero también ofrece momentos que van de lo gracioso a lo ridículo y que son por demás divertidos.


Con una duración de casi tres horas, la película mantiene un ritmo ágil, lo que se agradece y  hace pensar a más de uno, que Tarantino aprendió tras la experiencia de Bastardos sin gloria (2009), que extenderse en diálogos sin sentido solo le resta interés al asunto.

La trama aborda la relación entre el doctor King Shultz (Christoph Waltz) un alemán caza recompensas que pide al esclavo Django (Jamie Foxx), ayuda para identificar y matar a unos delincuentes. A cambio no solo obtendrá su libertad sino una considerable cantidad de dinero. Más tarde, cumplido su objetivo deciden continuar juntos y rescatar a la mujer del esclavo quien se encuentra en manos de un sádico terrateniente (Leonardo Di Caprio).


Como película de aventuras es divertida, no tiene mayores complicaciones que ver cómo la pareja protagonista va disparando a diestra y siniestra contra quien se les ponga enfrente. Los personajes están bien construidos, cada uno por separado tiene un perfil psicológico que explica el porqué de sus acciones. El problema radica en la interrelación de los mismos. No termina por explicarse ese afecto casi paternalista de Shultz hacia Django. Por momentos guiñolesca pero más efectiva, es la interacción entre Calvin Candie (Di Caprio) y su mayordomo Stephen (un irreconocible Samuel L. Jackson). 

Django es el pretexto para contar la historia, cierto es que las acciones giran en torno a él, pero conforme aparecen los  personajes del cazador de recompensas, del burgués y del criado negro, su rol se convierte en secundario. 


A éstas alturas poco sentido tiene reprochar a Quentin Tarantino que uno de sus filmes tenga exageraciones al por mayor, después de todo, ese ha sido el sello que lo ha convertido en un cineasta de culto. Una película de Tarantino sin excesos sería como un filme de Hitchcock sin suspenso.

A diferencia de A prueba de muerte(2007) o Bastardos sin gloria, películas que para ser honesto recomendaría solo a fanáticos del buen Quentin, puedo decir que Django sin cadenas es una obra que puede resultar entretenida para los amantes del género, y significar para quienes ha decepcionado tras algunos tropiezos una reconciliación.


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domingo, 10 de septiembre de 2017

SANTO VS LA INVASIÓN DE LOS MARCIANOS (1966)

La película que comento a continuación pone de manifiesto que Ed Wood podrá ser considerado el peor director en la historia de la cinematografía mundial, sin embargo, le siguen de cerca realizadores que bien podrían pasar como sus alumnos más aventajados, tal es el caso del alemán Alfredo B. Crevenna quien, sorpresivamente unos años después fuera nominado al León de Oro en el Festival de Venecia (La rebelión de los colgados/1954) y a la Palma de Oro en Cannes (Talpa/1956). Quizá un extraterrestre con ínfulas de cineasta usurpó su identidad, nunca lo sabremos.

El responsable del disparatado guión de Santo vs la invasión de los marcianos cuya influencia más notoria son los seriales de Flash Gordon producidos a finales de los años 30 y el cine de ciencia ficción estadounidense de los cincuenta, es Rafael García Travesi, colaborador habitual en las películas del enmascarado de plata.


El asunto va de unos marcianos que visitan la tierra haciendo escala en México, con el fin de advertir a los terrestres que, de insistir con nuestras guerritas, pruebas nucleares y demás actividades belicosas, se verán en la necesidad de aniquilarnos por el bien del universo, mismo discurso que en la clásica El día que la tierra se detuvo (1951). Presumiendo un desarrollo tecnológico que adelanta por cinco siglos a los primitivos terrícolas, los marcianos optan por demostrar al mundo su poderío desintegrando con un mentado ojo astral a los pobres mexicanos, a quienes han elegido por ser pacifistas ¡Si serán abusivos!

Al igual que en La guerra de los mundos (1953), los visitantes no soportan el aire terrestre (el smog diría yo) por lo que se ven obligados a tomar unas cápsulas de farmacias similares. Pero su verdadera preocupación es ¡El Santo!

Cinta de humor involuntario que plantea una infinidad de interrogantes sin respuesta:

¿Por qué al inicio un marciano se teletransporta justo a la cancha de futbol llanero donde Santo da clases de lucha libre a unos niños?

¿Por qué el marciano se enfrasca con Santo en un duelo de llaves y contrallaves pudiendo desintegrarlo con el ojo astral?


¿Por qué los marcianos usan mallas y capa de luchador y se atreven a decir que Santo es un terrestre que viste extrañamente?

¿Por qué desintegran a una veintena de personas y el périodico anuncia la desaparición de millares? ¿Por amarillismo?

El jefe marciano para no aterrorizar a los humanos propone a su tripulación usar la cámara transformadora, entran vestidos de luchadores y salen disfrazados de romanos. Por si fuera poco, rebautiza a todos con nombres de la mitología griega: Cronos, Hércules, Afrodita, etc. ¿Cómo pa qué?

Con el fin de estudiar a la especie humana, los marcianos después de viajar años luz tienen la grandiosa idea de llevarse a su planeta a un sui generis grupo de personas integrado por: una familia enajenada con el televisor, un par de industriales calenturientos, un padrecito de iglesia que no se roba las limosnas (el único caso digno de estudiarse) y un escritor de ciencia ficción. Por supuesto, una vez que han puesto a prueba la fortaleza sobrehumana de El Santo, (católico, apostólico, omnipotente y mesiánico ídolo del cuadrilátero), intentan llevárselo para analizar su cerebro y huesos y en base a ello crear un super ejército galáctico. En lo dicho, Capitán América nos la pela.


Mi momento favorito es cuando las buenonas y cachondas marcianitas encabezadas por Maura Monti, bailan A go-go presumiendo piernón de campeonato mundial ¡Así, hasta yo me dejo abducir!

Diviértanse con el trailer.

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