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Mike Elizalde

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sábado, 31 de mayo de 2014

BATMAN EL CABALLERO DE LA NOCHE ASCIENDE (2012)

Llega a la pantalla grande el esperado estreno de la última película (la más reciente si consideramos su regreso en Batman vs Superman) protagonizada por el hombre murciélago: Batman el caballero de la noche asciende, la cual significa la culminación de una trilogía de majestuosas dimensiones dirigida por uno de los directores más visionarios de los últimos tiempos. Me refiero por supuesto, a Christopher Nolan.

La historia que inicia ocho años después del enfrentamiento entre Batman y el Guasón, nos presenta a un héroe retirado que ha preferido mantenerse al margen de lo que sucede en el mundo exterior. Pero la aparición de un grupo terrorista que amenaza con provocar una hecatombe en Ciudad Gótica lo hace retomar su cruzada contra la injusticia.

Si en Batman el caballero de la noche (2008) la trama giraba alrededor del Guasón - inolvidable interpretación del desaparecido actor Heath Ledger- siguiendo en menor medida a la figura del encapuchado nocturno, en ésta entrega Nolan ofrece un guión en el que nuevamente el personaje principal no es Batman, sino la misma Ciudad Gótica. El héroe es el mero vehículo para contar una historia sobre la búsqueda de lo que cada quien percibe como lo justo, una tesis sobre las consecuencias de la corrupción y una anécdota esperanzadora sobre el  triunfo del espíritu. El gran acierto de Nolan, consiste en crear un mundo fantástico, poblado por habitantes que son capaces de transmitir al espectador sentimientos  tan profundos como el miedo, la frustración, la incertidumbre y la impotencia. Y es que la trilogía del caballero oscuro desde su inicio en 2005 dejó en claro que es posible ver una película de superhéroes para adultos, con diálogos inteligentes y tintes trágicos, dejando a un lado el humor infantiloide que tanto ha contribuido a que el género no sea tomado con la seriedad que amerita.

Al gran reparto integrado por Christian Bale, Michael Caine, Gary Oldman y Morgan Freeman, quienes repiten en los papeles principales, se une el talento de Tom Hardy, actor debutante en otra exitosa obra de Nolan, El origen (2010). A Hardy, a quien corresponde ser el villano en esta ocasión, habrá que reconocerle un trabajo digno como Bane, sin llegar al nivel interpretativo mostrado por Ledger en la aventura anterior. De igual forma, Joseph Gordon Lewitt cumple en el papel de Blake, un policía idealista que deja abierta la posibilidad de un spin off. Como Selina Kyle (nunca se menciona el nombre de Gatubela) la espigada actriz Anne Hathaway- cuya elección antes de ver la cinta me parecía un tanto cuestionable- no demerita tanto al personaje, aunque es una realidad que en comparación con sus antecesoras es probablemente la Gatubela que más flojea.

En el rubro técnico, El caballero de la noche asciende no tiene falla alguna. Destacan unos excelentes efectos tanto visuales como de sonido, que con seguridad lo harán merecedor a por lo menos un par de nominaciones en los próximos premios Oscar.

La nueva apuesta de Christopher Nolan, quizá pierda un poco de fuerza en los minutos finales pero eso no impide que se erija como uno de los mejores thrillers que se han estrenado durante el año. Batman el caballero de la noche asciende es una película ampliamente recomendable, incluso para espectadores que no hayan visto las entregas previas o no tengan afición por los comics del encapuchado.

Publicado en La conexión urbana (2012)

GREMLINS (1984)

La mayoría de las películas navideñas o por lo menos las más recordadas, están llenas de buenas intenciones, mensajes de esperanza y en muchas ocasiones una cursilería ilimitada. Este mes en el clásico cinefilo dejaré a un lado  las cintas protagonizadas por el gordinflón vestido de rojo, tampoco hablaré sobre las que abordan temas religiosos,  o milagros que ocurren en la víspera de año nuevo,  todo ello bajo el riesgo de ser considerado un Grinch.

Prefiero recordar con ustedes, una cinta que a mediados de los años ochenta gozó de gran éxito, aun cuando fue estrenada casi al mismo tiempo que la segunda aventura de Indiana Jones, y la cual curiosamente, fue producida por el mismo equipo comandado por el rey Midas de Hollywood: Steven Spielberg.

Un antecedente

Bien dicen que no hay nada nuevo bajo el sol, pues 30 años antes de que Chris Columbus escribiera  Gremlins  y Joe Dante fuera elegido para dirigir el proyecto, La dimensión desconocida (The twilight zone) una de las series más exitosas de todos los tiempos, estremeció a los televidentes con un capítulo en donde un hombre con miedo a volar, observa  angustiado por la ventana de un avión a una criatura que tiene muy malas intenciones.

Dicha historia que a su vez estaba inspirada en un cuento del prolífico escritor Richard Matheson (Soy Leyenda, Pide al tiempo que vuelva, El increíble hombre menguante) se convirtió en una de las más recordadas, lo que propició que Steven Spielberg la tomara en cuenta para llevarla a la pantalla grande en la versión fílmica de la afamada serie.


Resulta que en ambas versiones se denomina a ese ser maligno como Gremlin, palabra que cuenta con varias connotaciones. Siendo la más antigua, aquella con la que se designa en Alemania  a un ser mitológico con características semejantes a las de un duende, y a quien por absurdo que parezca, los miembros de la Real Fuerza Aérea inglesa durante la segunda guerra mundial, culparon de numerosos accidentes y fallas en sus aviones.

Una fábula de pelos

En el Barrio Chino, un hombre de sombrero es conducido por un niño hasta una tienda de antigüedades, pero no se trata del arqueólogo Indiana Jones sino de Randall Peltzer, un inventor de objetos tan inútiles como desastrosos. Al mostrarse intrigado por el canto proveniente de una caja, el anciano dueño del lugar le permite ver su contenido. Ante Randall se revela un Mogwai, pequeña criatura peluda de grandes ojos y orejas puntiagudas que enseguida se gana su simpatía (y por supuesto la del público). Ante la negativa del anciano y sin que éste lo sepa, el niño termina por vendérselo advirtiéndole que debe seguir tres reglas primordiales: Alejarlo de la luz pues el sol lo mataría, no mojarlo ni darle agua de beber y lo más importante, no darle de comer después de la media noche.
Al regresar a Kingston Falls, Randall se anticipa a la noche de navidad y sorprende a su hijo Billy con el inesperado regalo. De inmediato, emulando la relación de Elliot Todd con E.T. un par de años antes, surge la empatía entre el joven protagonista y el Mogwai, bautizado como Gizmo.

A partir de ese momento somos testigos de una comedia enternecedora, en donde el héroe está más preocupado por arropar a su nuevo amigo que por hacerle caso a su enamorada compañera, situación propia de una década tan inocente, fresa o como quieran llamarle, en donde hasta el beso más desangelado arrancaba el suspiro de las féminas.

Por fortuna, la historia toma un giro a partir de que las reglas, como es costumbre, comienzan a romperse una por una. Al ser empapado por accidente por un descuidado  vecino (Corey Feldman, para no variar) el Mogwai se multiplica, sin embargo la conducta de sus “clones” no agrada del todo a Billy, quien tiene la sospecha de que algo no anda bien.

Si cuidar a media docena de mogwais inquietos no era suficiente, cuando Rayita, el líder de estos, engaña a Billy para que les dé de comer después de medianoche,  la situación sale de control. Los tiernos muñecos de peluche sufren una metamorfosis que los convierte en los verdaderos protagonistas de la película.

Los gremlins  son unos monstruos con aspecto de reptil, expertos en destruir todo lo que tengan a su paso, sobre todo los aparatos eléctricos o mecánicos, idea que rescata Columbus de las antiguas leyendas de la Segunda  guerra mundial. 
 Joe Dante da un giro a la trama y en una inesperada escena, la madre de Billy blande el cuchillo una y otra vez en un gremlin. Esa muerte sin ser tan explícita  como la explosión de una criatura en un microondas, fue motivo para que los censores de la época pidieran que fuera reconsiderada su clasificación. Pareciera que no habían entendido el concepto humor negro.

Cierto es que, a partir de la segunda mitad la película se torna bastante graciosa. Los monstruos se divierten como lo haría cualquier inadaptado. Fuman, bailan, beben, roban vehículos, causan destrozos, encuentran gozo en la violencia y ahí se encuentra lo más interesante del asunto, su conducta va empeorando a medida en que se parecen más a las personas.  Nada que haga un gremlin es ajeno a la condición humana. Al final la descabellada comedia resulta ser una metáfora sobre la enajenación y el consumismo.  Una crítica que con el paso del tiempo, se ha convertido en una de las tantas ironías del querido Spielberg, que si bien no dirigió la película, como productor se embolsó más de 150 millones de dólares.

Lógico era que, debido al éxito logrado y a las ganancias generadas, se filmara una secuela. Gremlins 2: la nueva generación (1990), se estrenó de forma tardía con 6 años de diferencia y en comparación a su predecesora fue un fracaso de taquilla. Sin el tono oscuro de la primera parte y una excesiva  cantidad de parodias, homenajes y guiños que iban desde La familia Munster hasta Rambo, Gremlins 2 fue objeto de opiniones dispares, ya que mientras unos críticos elogiaron el trabajo de Rick Baker para crear una gran variedad de criaturas, otros argumentaron que el guión  había perdido frescura.

Durante los últimos meses en varios sitios se ha corrido el rumor de que los gremlins podrían reaparecer, en algunos se habla de una etapa de pre-producción, en otros se dice que Spielberg está considerando filmar un remake y hasta se ha mencionado que Joe Dante, siguiendo la moda podría filmar una secuela en tercera dimensión. 
Dirán que soy anticuado 
pero no será lo mismo, 
ver a un mono de peluche, 
que en computadora a Gizmo.

LOS CAZADORES DEL ARCA PERDIDA (1981)


 UN RECUERDO

Hoy quiero analizar una cinta que de forma inevitable me hace recordar los momentos más bellos de mi infancia. Iniciaba la década de los ochenta y yo acababa de cumplir seis años.

En México todavía existían los cines con salas gigantescas con dulcerías en donde vendían palomitas de maíz que podían olerse desde la entrada, donitas calientes, sándwiches en triángulo, copas de helado y gaznates. Y lo mejor, la permanencia voluntaria permitía ver hasta cuatro veces seguidas la misma película.

El recuerdo vive fresco en mi memoria. Se levanta el telón y a los pocos minutos de iniciada la película, en aquella gran pantalla observo a un hombre de espaldas que usa sombrero y pistola. Uno de sus acompañantes intenta dispararle y antes de que yo pueda gritar para advertirle, él lo desarma con su látigo. El aventurero roba un ídolo, es perseguido por una roca gigantesca, escapa de unos aborígenes que le disparan flechas envenenadas y se lanza colgado de una liana. Desconozco su nombre y poco me importa, lo único que sé es que, de ahora en adelante él será mi héroe… y el de toda una generación.

NACE EL PROYECTO

A finales de los años setenta, dos jóvenes directores revitalizaron el cine de ciencia ficción. George Lucas con La guerra de las galaxias y Steven Spielberg con Encuentros cercanos del tercer tipo.

George Lucas desde tiempo atrás tenía en mente llevar a la pantalla una historia que tuviera la esencia de los seriales de aventuras que admiraba tanto en su adolescencia y en Spielberg, fanático del agente 007, encontró su mejor cómplice.

Indiana Smith se llamaría el protagonista, por ser el nombre del perro favorito de Lucas (en Indiana Jones y la última cruzada cuando es revelado que su nombre es Henry, su padre aclara “Indiana era el nombre del perro”). A Spielberg el apellido Smith le parecía demasiado común por lo que fue cambiado a Jones.

Lucas con el apoyo de Philip Kaufman (director de Sol Naciente y La insoportable levedad del ser) escribió el argumento, a partir del cual Lawrence Kasdan realizó el guión. Los bocetos de Indiana Jones fueron realizados por Jim Steranko, dibujante del comic Nick Fury. El diseño del personaje resultó una mezcla de Humphrey Bogart en El tesoro de la sierra madre y Doc Savage, el hombre de bronce.

EN BUSCA DE INDIANA JONES

El productor ejecutivo George Lucas y el director Steven Spielberg, se dieron a la tarea de buscar un rostro para Indiana. Realizaron castings durante seis meses sin éxito. Decepcionados encontraron como última opción ofrecerle el papel a Tom Selleck, estrella de la serie Magnum P.I., sin embargo la existencia de un contrato previo con la televisora y la negativa del apuesto actor, evitaron que el investigador privado se pusiera el sombrero.

Una noche mientras Spielberg miraba una función privada de El imperio contraataca supo que su búsqueda había finalizado y que Harrison Ford sería perfecto para el personaje. Al principio hubo una negativa por parte de Lucas, quien prefería que Ford no estuviera en las dos sagas que estaba realizando. Para fortuna nuestra terminó por ceder.

Harrison Ford demostró que Spielberg no estaba equivocado. Hizo de Indiana Jones un héroe valiente, inteligente y tenaz, pero vulnerable (como lo muestra su miedo a las víboras). Aunque el personaje no cuenta con una identidad secreta, se nos presenta como un hombre con una doble vida. Basta analizar dos escenas, en una el Dr. Jones, usando espejuelos y corbata de moño imparte una clase de historia en donde los coqueteos de una alumna lo ponen nervioso. En otra escena, el otrora tímido profesor ahora vestido como Indiana lucha con unos espías para evitar el rapto de su chica.

Uno de los momentos más divertidos, es precisamente cuando un árabe reta a Indiana después de demostrarle su destreza con el sable y el arqueólogo acaba con el problema disparándole en la frente. La idea fue de Ford y a Spielberg le encantó la sugerencia.

¿DE QUÉ TRATA LOS CAZADORES DEL ARCA PERDIDA?

En 1936, el servicio secreto norteamericano encarga al arqueólogo y profesor Jones (Harrison Ford), la búsqueda del Arca de la Alianza que contiene los diez mandamientos otorgados a Moisés. Sin embargo en la carrera por obtener el mítico objeto, Indiana Jones deberá enfrentarse a los nazis quienes pretenden apoderarse del arca para controlar al mundo. Con la ayuda de su antigua novia Marion Ravenwood (Karen Allen) y su amigo Sallah (John Rhys Davies), Indiana se pone en ventaja al encontrar mediante un medallón el sitio exacto donde se encuentra enterrada el arca.

Sin embargo, René Belloq (Paul Freeman) el arqueólogo francés que le quita de sus manos el ídolo de oro al principio de la cinta y que ahora colabora con los nazis, de nuevo agradece que le facilite el trabajo.

Indy disputa con los villanos la posesión del arca, sorteando distintos peligros que incluyen: escapar de un pozo infestado de serpientes, pelear a puño limpio con un gigante alemán y en la que podría considerarse la escena más emocionante de la cinta, ser lanzado a través del parabrisas de un camión, abordarlo de nuevo con ayuda de su látigo y darle al conductor su merecido (acciones musicalizadas con la inolvidable partitura The Raiders March de John Williams).


Finalmente el arca es transportada hasta una isla secreta en donde los nazis planean abrirla antes de llevársela a Hitler. En ese lugar Indiana y Marion son atados a un poste. Indy insiste en que no deben abrir los ojos pase lo que pase. Al ser abierta el arca, se desata la ira de Dios, representada por unos rostros fantasmagóricos y un tornado de fuego. Belloq preside la ceremonia religiosa y aunque exclama emocionado “es bellísimo”, pronto es presa del pánico al ver como esos seres se transforman en algo monstruoso. Los nazis terminan pagando el precio de su ambición. La fuerza divina destruye al ejército del mal.

El gobierno agradece a Jones por encontrar el arca, sin embargo ante la insistencia del arqueólogo para que le permitan analizar sus poderes, se niegan. Argumentan que ya tiene expertos que se encargan del asunto. Indiana triunfa sobre los alemanes pero es derrotado por su propio país. Desconsolado dice a Marion “No saben lo que tienen en sus manos” a lo que ella responde segura “Pero yo sí sé lo que tengo, vamos te invito un trago”. Resignado el héroe le ofrece el brazo. No todo está perdido.

RECONOCIMIENTO Y REPERCUCIONES

Desde su estreno el 12 de julio de 1981 en los Estados Unidos, la cinta Los cazadores del arca perdida se volvió un éxito de taquilla recaudando 335 millones de dólares en todo el mundo. Indiana Jones se convertiría en uno de los más grandes iconos del cine de aventuras, sitio que durante dos décadas había sido casi exclusivo de James Bond.

Nominada para ocho premios Oscar, incluidos los de mejor película y mejor director, la película recibió cinco por sonido, montaje, efectos de sonido, escenografía y efectos visuales.
Las imitaciones no se hicieron esperar. Películas de ínfima calidad intentaban emular sin conseguirlo las aventuras de Indy. Las minas del rey Salomón con Richard Chamberlain y Sharon Stone, Firewalker con Chuck Norris y Los aventureros del fin del mundo con Tom Selleck son sólo algunos ejemplos. La televisión también aprovecharía el impacto con dos series, Las aventuras de Frank Buck y Las Leyendas del Simio de Oro.

Pero Indiana Jones solo había uno. El éxito obtenido generaría tres secuelas, Indiana Jones y el templo de la perdición, Indiana Jones y la última cruzada y tal vez la más cuestionable y menos trascendente Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. También se realizó una serie para la pequeña pantalla con el título Las crónicas del joven Indiana Jones, que como su nombre lo indica narraba la infancia y adolescencia del aventurero, la cual no funcionó - en mi opinión - debido a sus pretensiones didácticas.

Aún con sus altibajos, el hombre del sombrero ya forma parte de la galería de los más grandes héroes cinematográficos de todos los tiempos. La razón es obvia. Como alguna vez lo declaró Harrison Ford “Interpretar a Indy es fácil, a qué niño no le gustaría ser Indiana Jones”.


Publicado en cineen.com (Julio 2009)

viernes, 30 de mayo de 2014

PODERES OCULTOS (2012)

Margaret Matheson y Tom Buckley son dos profesores dedicados a demostrar fraudes relacionados con fenómenos paranormales. En treinta años Margaret ha desenmascarado a una larga lista de farsantes, sin embargo el regreso de Simon Silver, psíquico reconocido como el mayor de todos los tiempos pondrá a prueba sus conocimientos metafísicos y sobre todo sus creencias.

¿Alguna vez han visto en un menú un platillo que luce delicioso y al final al probarlo no era lo que esperaban? Pues eso fue lo que me sucedió cuando se prendieron las luces de la sala en la que vi Poderes ocultos. Y es que el trailer prometía un guión más generoso, o por lo menos más original que el resto de los últimos estrenos que abordan la temática de los fenómenos sobrenaturales.

La película dirigida por Rodrigo Cortés, tiene un inicio interesante basado en el escepticismo de los personajes protagónicos, que a toda costa pretenden comprender  por medio de la ciencia lo que para otros es inexplicable. Pero a medida que pasan los minutos la historia cae en un bache argumental que la vuelve tediosa, a pesar de los múltiples intentos del director por hacernos saltar de nuestro asiento con los artificios comunes. De hecho, la anécdota se resuelve en una forma que se percibe apresurada en los últimos quince minutos.

Estoy seguro además querido lector,  que más de un espectador amante del cine fantástico, podría confabular en su mente un desenlace mucho mejor que el que -a pesar de la vuelta de tuerca- ofrece Cortés, quien pareciera que intenta emular a M. Night Shyamalan (El sexto sentido, Señales, etc) no solo en lo que a finales sorpresivos se refiere, sino también al hecho de dejar  una serie de cabos sueltos y detalles que no convencen del todo si sé es medianamente exigente.

Lo mejor, las interpretaciones de Cillian Murphy y la siempre correcta Sigourney Weaver. En lo que respecta a Robert De Niro, no se dejen llevar por su nombre en los créditos, ya que solo aparece como “gancho” de taquilla, tampoco esperen verlo dando una muestra de histrionismo, cumple como lo ha hecho en sus recientes películas pero nada más.

ROBOCOP: REFLEXIONES DE UN MUNDO ... ¿FUTURO?

 En un futuro no muy lejano, Detroit al igual que otras ciudades de la tierra está fuera de control. Aprovechando la situación, la corporación OCP (Omni Consumer Products) firma un contrato que los hace responsables de manejar el cuerpo de policía. Al mismo tiempo tienen un detallado plan para crear Delta City, urbe que quedaría bajo su dominio absoluto.

Alex J. Murphy policía que en el cumplimiento de su deber es literalmente hecho pedazos a manos de una sádica banda de delincuentes, es reconstruido gracias a los avances científicos que combinan la robótica con la neurocirugía. Así nace Robocop el defensor del futuro, mitad humano, mitad máquina como anunciaba su estreno en 1987.

Robocop, dirigida por el holandés Paul Verhoeven es una de las mejores películas de ciencia ficción de fines del siglo XX. Su argumento tiene ecos del Frankenstein de Mary Shelley y del género cyberpunk que contribuyó al éxito editorial de revistas como Heavy Metal.

En apariencia es una cinta de acción ultra violenta, protagonizada por un héroe vengador al que no le tiembla la mano a la hora de hacer justicia. Pero en el fondo hay más que eso. Robocop, es una profética y audaz metáfora sobre el feroz capitalismo que lo controla todo a través de métodos que van desde la enajenación televisiva, hasta la violencia desmedida, en la que queda de manifiesto cómo un sistema gubernamental busca acrecentar su poder a costa de la degradación del sujeto.

El panorama inicial lo conocemos por un noticiero que aparece continuamente en toda la película, ejemplo de como OCP ha monopolizado todos los medios; de igual forma sucede con un programa cómico aberrante y vulgar que se muestra en pantalla cada vez que alguien prende un televisor y que es disfrutado tanto por el dependiente de una tienda de autoservicio como por los criminales buscados por Murphy. A su vez, entre los recuerdos del policía cibernético hay uno que también tiene que ver con un programa de tv, sobre un pistolero que el policía solía imitar para beneplacito de su hijo. Aquí, Detroit es un ejemplo de las sociedades cuya educación y formas de comportamiento están regidas por el llamado "cuarto poder". 

La violencia explícita que hizo que la película fuera reeditada en numerosas ocasiones antes de su estreno con el objetivo de alcanzar una clasificación que aceptaran los censores, no es gratuita. Paul Verhoeven no muestra chorros de sangre por el solo gusto de hacerlo, era necesario que el espectador observara sin ningún velo, el contexto descarnado y terrible en que se mueven los personajes. La tortura que sufre Murphy por parte de sus captores está realizada con una manufactura excelente. A finales de los años ochentas, uno vería el filme por primera vez y pensaría Ok, el villano le disparará en el brazo, un poco de sangre le salpicará la cara y será todo. Pues bien, no solo somos testigos de como le hacen añicos la mano, sino de cómo sin piedad le disparan a quemarropa en una de las escena más crudas y realistas en la historia del cine (por lo menos en lo que a producciones americanas se refiere).

Murphy es ingresado de urgencia al quirófano y la prioridad del corporativo no es preservar la vida del individuo, su integridad poco o nada les importa e incluso, ante la posibilidad de salvar un brazo, deciden amputarlo. OCP quien ha reclamado al ser viviente como un objeto de su propiedad por la simple razón de que en su calidad de humano estuvo bajo su mandato, no lamenta el virtual fallecimiento de Murphy y por el contrario celebra el nacimiento de su nuevo producto: Robocop.

El frágil policía ahora, convertido en un caballero de acero, inicia una cruzada en solitario contra la delincuencia. En su cabeza es implantada una memoria computarizada y tres reglas básicas: Servir a la población, proteger al inocente y respetar la ley. La idea de entrar en la mente de un individuo y alterarla sería retomada por Paul Verhoeven en Total Recall (1990).

Robocop se convierte en el instrumento pacificador perfecto. Luce invencible, protector con las victímas e implacable con los victimarios. Debo corregir y decir casi perfecto, porque en su mente reaparecen los recuerdos de una vida pasada. OCP es dueño de su cuerpo y de sus acciones pero no de los sentimientos que persisten y le devuelven un rasgo de humanidad. Como en el mito de Frankenstein queda demostrado que la ciencia no es infalible.

Los villanos forman una dupla muy interesante por su relación simbiótica. Por un lado está Boddicker, líder de la banda, violador, traficante y homicida que se oculta en una vieja fábrica, y por el otro lado, se encuentra Dick Jones, presidente de OCP que desde su oficina corporativa y tras la imagen de un líder visionario, dirige a la célula criminal que él mismo finge combatir. El argumento es por demás realista ya que plantea una pregunta que tiene una respuesta intrínseca: ¿Cómo justificar la existencia de la policía en un sitio en donde no se cometen delitos?

Cuando Robocop va a pedir a Dick Jones que se entregue tras descubrir su complicidad con Boddicker, hay una revelación espeluznante. Antes de capturarlo su sistema sufre una aparente falla. En realidad se trata de un impedimento basado en la tercera regla: Respetar la ley. En este sentido, hay un dilema moral ¿Cómo imponer el orden si los representantes de la ley son parte medular del problema? Al final Robocop elige hacer lo que la conciencia de Murphy le dicta y no lo que en su cabeza ha sido programado.

Cierto es que la película pertenece al genero de la ciencia ficción, pero más allá de los disparos, las persecusiones, los efectos especiales que son magníficos, la música y toda la carga de adrenalina que la convierten en un blockbuster, Robocop es una película dirigida al cinéfilo que le gusta reflexionar sobre la relación de lo visto en pantalla y el mundo en que vive. 

Si en este caso la línea que divide la fantasía de la realidad es demasiado delgada, habría que preguntarnos si el futuro planteado hace veinticinco años no es nuestro presente.

PRESENTACIÓN

Clark Kent se abre la camisa y deja ver en su pecho una gran "S", acto seguido enfundado en un vistoso traje azul con capa roja, vuela por el cielo de Metrópolis. Un hombre con látigo y sombrero corre perseguido por una inmensa roca, busca algo que a mis 7 años no sé muy bien qué es pero, poco me importa, porque es el mismo actor que interpreta a Han Solo en otra de mis películas favoritas: La guerra de las galaxias (¿Desde hace cuánto tiempo han dejado de llamarla así?). Éstas, como muchas otras imágenes, están guardadas en un baúl de recuerdos; uno que se fue llenando gracias a una incontable cantidad de idas al cine durante mi niñez. Y es que, a veces parecía que sábado y domingo no eran suficientes para satisfacer la ansias locas de ese niño, que moría por ver todas las películas de aventuras que eran estrenadas, tanto en las majestuosas salas gigantes ahora ya desaparecidas, como en los modestos cines que exhibían cintas clase B, las cuales a veces resultaban una grata sorpresa, una verdadera curiosidad o de plano un bodrio digno de olvidarse.

Gracias a ese bendito invento que fue en su época la videocassetera, primero con el formato Beta y luego con el VHS, conocí más a fondo el cine de terror, genero al que, por motivos de la estricta censura que imperaba en los años ochenta, difícilmente un chaval de menos de 13 años tenía acceso. Fue así que, pude ver en casa después de un par de años de ser estrenadas, cintas como Halloween, La cosa, Alien el octavo pasajero, Escape de Nueva York y muchas más.

Aunque me considero un fanático y un entendido -no un crítico, ni un especialista- del cine en general, es un hecho que mi pase de entrada al séptimo arte, fue a través de los géneros a los cuales brindo en este blog un afectuoso homenaje. En él, comparto las publicaciones que he escrito para diversos sitios y algunos textos inéditos, así como comentarios propios de las más recientes noticias relacionadas con el cine y por qué no con la TV.

Este blog no pretende ser una guía de ningún tipo y las opiniones vertidas son personales. Así que, quien lo desee, quédese, porque la función está a punto de comenzar.