domingo, 1 de octubre de 2017

SKYFALL (2012)


Antes de compartir mi extenso comentario sobre Skyfall, debo confesar que desde la creación de éste blog, más de una vez me he detenido a reflexionar acerca de qué tanta cabida tienen las aventuras de James Bond dentro del género fantástico, llegando a la conclusión de que cuenta con los elementos suficientes para inclinar la balanza hacia el lado de lo inverosímil y no de lo realista. Además, siendo desde siempre uno de mis héroes favoritos, es difícil mantenerme renuente a comentar sus películas e ignorarlo.

Desde el reinicio en 2006 de la franquicia más redituable y larga en la historia del cine, es decir, la del agente 007, quedó en claro que los realizadores deseaban borrar todo rastro de triunfalismos ligados a las películas de cuatro décadas anteriores, aunque ello significara reelaborar el mito que para muchos era más que intocable.

En Casino Royal, los productores apostaron por un James Bond de mirada fría y rasgos duros, carente del encanto, galanura y sofisticación de sus antecesores, bajo el argumento de que la intención era evocar al personaje literario creado por Ian Fleming.


Daniel Craig, quien a partir de su elección llegó a convertirse en el protagonista más controversial pese a su indudable histrionismo, dividió opiniones. Las nuevas generaciones lo aceptaron situándolo a la par de personajes como Jason Bourne, fenómeno que llama la atención, siendo que el James Bond original mantuvo el privilegio de ser incomparable casi hasta sus últimos días.

Algunos fanáticos se retractaron e incluso consideraron a Daniel Craig, el mejor James Bond por encima de Sean Connery y Roger Moore (no es mi caso). Muchos otros, más de lo que Sony Pictures se empeña en reconocer, reafirmaron sus sospechas: James Bond había muerto.

Casino Royal abandonó la fórmula que por años contribuyó a hacer del héroe, todo un icono cinematográfico. El universo de insólitas aventuras fue sustituido por un entramado realista, oscuro y con una perspectiva más adulta.


En Casino Royal (2006) se aborda la primera misión de James Bond al recibir la categoría doble O. La película adapta la novela homónima modernizando algunos aspectos que parecieran anacrónicos. No me atrevería a decir que Casino Royale es una mala película, de hecho creo que el director Martin Campbell hace un estupendo trabajo. Daniel Craig y Mads Mikkelsen funcionan como antagonistas, las escenas de acción son trepidantes, los escenarios majestuosos ¿Entonces?

Cuando uno paga por comer una hamburguesa servida con papas fritas y un vaso de refresco, no espera que le lleven un plato de comida china, un spaghetti a la boloñesa o un manjar más delicioso que lo que uno ha pedido. Ya sé, deben preguntarse ¿Y eso qué tiene que ver?

Pues, esa es la sensación que provoca al final Casino Royale. Hemos visto una buena película, estuvo divertida pero… ¡No es una película de James Bond! Ninguna secuencia lleva el sello inconfundible del tema compuesto por Monty Norman e interpretado por John Barry, no hay gadgets (todos los aparatos modernos necesarios para la misión), no narran una mini aventura antes de los créditos iniciales. 007 luce musculoso pero desaliñado. Por si fuera poco, el desenlace  más allá de ser revelador luce artificioso.


Quantum of Solace (2008) se estrenó como secuela de Casino Royale. Se suponía que los cabos sueltos y las incógnitas de la entrega anterior, serían resueltas para poner punto final a la etapa introductoria del nuevo 007 y así, en las cintas siguientes dar inicio a otras misiones con un espectador más familiarizado con la psicología del personaje.

Una persecución automovilística espectacularmente filmada da inicio a una película que prometía más de lo que otorga. Poco se relacionan los hechos de Casino con los de Quantum. A la mitad del filme, no se develan los misterios principales y solo sabemos lo que es obvio, hay una organización criminal que quiere dominar al mundo ¿No es lo mismo qué ya sabíamos antes de verla?


Considerando que las películas de Bond desde su nacimiento en 1962 no son precisamente joyas argumentales, sería injusto calificar con una mala nota al realizador Marc Forster por los baches y traspiés del guión escrito por Neal Purvis y Robert Wade. Se deja ver aunque en lo personal no lo haría más de dos veces.

Daniel Craig, más cómodo en los zapatos de James Bond y con menos presión por ser aceptado en el papel -en el peor de los casos el odio se volvió indiferencia- muestra una rudeza aun mayor que la expresada en su debut. Craig ganó elogios por un sector de la crítica que alabó su interpretación de frío asesino en Casino Royale. Por desgracia, su actuación se tornó exagerada en Quantum of Solance. Ni tanto que queme al santo...



 En Skyfall, Sam Mendes, director de la ganadora del Oscar Belleza Americana (1999) fue el encargado de revivir a un vilipendiado 007, quien por fortuna, retomó elementos y tópicos de las películas de antaño para beneplácito de sus más fieles admiradores. Es así que, regresaron las armas secretas, los trajes elegantes, el tema musical y algunas frases cómicas que antes evitaba mencionar Craig, de quien también debo decir se nota menos acartonado y más cómodo que en Quantum. También se incluye un guiño nostálgico a una de las más entrañables películas de la etapa Connery.

Cuando la identidad de los agentes secretos de MI6 es puesta al descubierto, James Bond debe capturar al culpable y de paso proteger a su superior M, quien no solo corre el riesgo de ser relevada en su puesto, sino de sufrir un atentado a manos de un enemigo a quien debe un ajuste de cuentas.

En ello se resume la premisa de Skyfall, una historia así de simple que por más que se extienda en explicaciones y diálogos elaborados, no tiene mayores alcances que los ya vistos en otras películas de la franquicia. No por ello, deja de tener momentos de suspenso bien logrado y escenas que no pasarán a ser memorables pero que en el instante divierten y justifican el pago del boleto. Mi momento favorito la persecución en motocicleta.


Javier Bardem como Silva, aparece menos de lo que uno supondría. Decir que es la apoteosis del mal, me resulta exagerado. Pero en gustos se rompen géneros. No es mi villano favorito pero tampoco lo pondría entre los peores. De malosos en plan guiñolesco y hasta sangrón está repleta la franquicia. Por ejemplo, está el recordado y me atrevería a decir que hasta querido "mandibulas" (Jaws).


Mención aparte merece la excelente actriz Judy Dench repitiendo como M, la mujer de hierro que se erige como líder del Servicio Secreto de su Majestad y cuya capacidad vuelve a ser puesta en tela de juicio como en casi todas las entregas en que aparece desde la era Pierce Brosnan.



Se da un giro a algunos personajes secundarios como Moneypenny (Naomi Harris), ahora en versión afroamericana -como dicta lo politicamente correcto- empoderandola, modificando el rol de chica Bond para hacer del personaje algo más que un mero atractivo visual; situación parecida a la de Halle Berry y Michelle Yeoh en Otro día para morir y El mañana nunca muere, respectivamente.


También tenemos al nuevo Q (Ben Whishaw), lo que es un gran acierto y tiene mucha lógica ¿Quién mejor que un joven nerd tipo Big Bang Theory para conocer y explicar las aplicaciones tecnologicas del siglo XXI? El mismo Desmond Llewelyn, actor que desempeñó el papel por más de veinte años, reconoció que ya ni él sabía de lo que estaba hablando en sus últimas apariciones. Y John Cleese, bueno, de ese "R" ascendido a "Q" mejor ni hablamos.

En resumen, Skyfall capturó lo mejor de Casino Royal y lo rescatable de Quantum, aderezando la trama con los ingredientes de la añeja pero exitosa fórmula, provocando la nostalgia de los verdaderos fanáticos y convirtiéndose en un aliciente para esperar con ansias las entregas venideras. Por desgracia, la siguiente misión del 007 dejaría mucho que desear. Pero esa, es otra historia.
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