sábado, 31 de mayo de 2014

GREMLINS (1984)

La mayoría de las películas navideñas o por lo menos las más recordadas, están llenas de buenas intenciones, mensajes de esperanza y en muchas ocasiones una cursilería ilimitada. Este mes en el clásico cinefilo dejaré a un lado  las cintas protagonizadas por el gordinflón vestido de rojo, tampoco hablaré sobre las que abordan temas religiosos,  o milagros que ocurren en la víspera de año nuevo,  todo ello bajo el riesgo de ser considerado un Grinch.

Prefiero recordar con ustedes, una cinta que a mediados de los años ochenta gozó de gran éxito, aun cuando fue estrenada casi al mismo tiempo que la segunda aventura de Indiana Jones, y la cual curiosamente, fue producida por el mismo equipo comandado por el rey Midas de Hollywood: Steven Spielberg.

Un antecedente

Bien dicen que no hay nada nuevo bajo el sol, pues 30 años antes de que Chris Columbus escribiera  Gremlins  y Joe Dante fuera elegido para dirigir el proyecto, La dimensión desconocida (The twilight zone) una de las series más exitosas de todos los tiempos, estremeció a los televidentes con un capítulo en donde un hombre con miedo a volar, observa  angustiado por la ventana de un avión a una criatura que tiene muy malas intenciones.

Dicha historia que a su vez estaba inspirada en un cuento del prolífico escritor Richard Matheson (Soy Leyenda, Pide al tiempo que vuelva, El increíble hombre menguante) se convirtió en una de las más recordadas, lo que propició que Steven Spielberg la tomara en cuenta para llevarla a la pantalla grande en la versión fílmica de la afamada serie.


Resulta que en ambas versiones se denomina a ese ser maligno como Gremlin, palabra que cuenta con varias connotaciones. Siendo la más antigua, aquella con la que se designa en Alemania  a un ser mitológico con características semejantes a las de un duende, y a quien por absurdo que parezca, los miembros de la Real Fuerza Aérea inglesa durante la segunda guerra mundial, culparon de numerosos accidentes y fallas en sus aviones.

Una fábula de pelos

En el Barrio Chino, un hombre de sombrero es conducido por un niño hasta una tienda de antigüedades, pero no se trata del arqueólogo Indiana Jones sino de Randall Peltzer, un inventor de objetos tan inútiles como desastrosos. Al mostrarse intrigado por el canto proveniente de una caja, el anciano dueño del lugar le permite ver su contenido. Ante Randall se revela un Mogwai, pequeña criatura peluda de grandes ojos y orejas puntiagudas que enseguida se gana su simpatía (y por supuesto la del público). Ante la negativa del anciano y sin que éste lo sepa, el niño termina por vendérselo advirtiéndole que debe seguir tres reglas primordiales: Alejarlo de la luz pues el sol lo mataría, no mojarlo ni darle agua de beber y lo más importante, no darle de comer después de la media noche.
Al regresar a Kingston Falls, Randall se anticipa a la noche de navidad y sorprende a su hijo Billy con el inesperado regalo. De inmediato, emulando la relación de Elliot Todd con E.T. un par de años antes, surge la empatía entre el joven protagonista y el Mogwai, bautizado como Gizmo.

A partir de ese momento somos testigos de una comedia enternecedora, en donde el héroe está más preocupado por arropar a su nuevo amigo que por hacerle caso a su enamorada compañera, situación propia de una década tan inocente, fresa o como quieran llamarle, en donde hasta el beso más desangelado arrancaba el suspiro de las féminas.

Por fortuna, la historia toma un giro a partir de que las reglas, como es costumbre, comienzan a romperse una por una. Al ser empapado por accidente por un descuidado  vecino (Corey Feldman, para no variar) el Mogwai se multiplica, sin embargo la conducta de sus “clones” no agrada del todo a Billy, quien tiene la sospecha de que algo no anda bien.

Si cuidar a media docena de mogwais inquietos no era suficiente, cuando Rayita, el líder de estos, engaña a Billy para que les dé de comer después de medianoche,  la situación sale de control. Los tiernos muñecos de peluche sufren una metamorfosis que los convierte en los verdaderos protagonistas de la película.

Los gremlins  son unos monstruos con aspecto de reptil, expertos en destruir todo lo que tengan a su paso, sobre todo los aparatos eléctricos o mecánicos, idea que rescata Columbus de las antiguas leyendas de la Segunda  guerra mundial. 
 Joe Dante da un giro a la trama y en una inesperada escena, la madre de Billy blande el cuchillo una y otra vez en un gremlin. Esa muerte sin ser tan explícita  como la explosión de una criatura en un microondas, fue motivo para que los censores de la época pidieran que fuera reconsiderada su clasificación. Pareciera que no habían entendido el concepto humor negro.

Cierto es que, a partir de la segunda mitad la película se torna bastante graciosa. Los monstruos se divierten como lo haría cualquier inadaptado. Fuman, bailan, beben, roban vehículos, causan destrozos, encuentran gozo en la violencia y ahí se encuentra lo más interesante del asunto, su conducta va empeorando a medida en que se parecen más a las personas.  Nada que haga un gremlin es ajeno a la condición humana. Al final la descabellada comedia resulta ser una metáfora sobre la enajenación y el consumismo.  Una crítica que con el paso del tiempo, se ha convertido en una de las tantas ironías del querido Spielberg, que si bien no dirigió la película, como productor se embolsó más de 150 millones de dólares.

Lógico era que, debido al éxito logrado y a las ganancias generadas, se filmara una secuela. Gremlins 2: la nueva generación (1990), se estrenó de forma tardía con 6 años de diferencia y en comparación a su predecesora fue un fracaso de taquilla. Sin el tono oscuro de la primera parte y una excesiva  cantidad de parodias, homenajes y guiños que iban desde La familia Munster hasta Rambo, Gremlins 2 fue objeto de opiniones dispares, ya que mientras unos críticos elogiaron el trabajo de Rick Baker para crear una gran variedad de criaturas, otros argumentaron que el guión  había perdido frescura.

Durante los últimos meses en varios sitios se ha corrido el rumor de que los gremlins podrían reaparecer, en algunos se habla de una etapa de pre-producción, en otros se dice que Spielberg está considerando filmar un remake y hasta se ha mencionado que Joe Dante, siguiendo la moda podría filmar una secuela en tercera dimensión. 
Dirán que soy anticuado 
pero no será lo mismo, 
ver a un mono de peluche, 
que en computadora a Gizmo.

1 comentario :

  1. Una de mis pelis favoritas, Gizmo se robó mi corazón, era la cosita más tierna del mundo, je je.

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